Chevrolet se ha fijado en sus vehículos de competición para crear este prototipo que es una mezcla entre el coche de calle y el de carreras. Mientras el chasis utiliza materiales y estructuras de competición, el motor se asemeja más al de cualquier deportivo de serie. Además, es diésel.
Este proptotipo de Chevrolet se inspira tanto en al competición que incluso le debe el nombre, de ahí ese WTCC (World Touring Car Championship, es decir, el campeonato del mundo de turismos). Sin embargo contrasta el motor: un turbodiésel de 2,0 l. de cilindrada y 190 CV de potencia derivado del que monta el Chevrolet Captiva.
Por contra, los materiales utilizados en la carrocería son propios de las carreras y poco de la producción en serie: aluminio, fibra de vidrio y carbono. Las dimensiones son las de un turismo compacto, parecidas a las de un Ford Focus, con 4,32 m de largo y 1,91 m de ancho. El tratamiento aerodinámico también proviene de la competición: un gran alerón de carbono, grandes faldones y tomas de aire, y bajos totalmente lisos con un difusor en la parte trasera.
Las llantas son unas gigantescas moles de 20 pulgadas con... ¡neumáticos slick!
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